Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes?

Ya hemos hablado mucho sobre el Mercado, las Empresas, la Industria, los Ruralistas. Sin embargo, estas entidades trascendentales tienen nombres, son parte de nuestro mundo, podemos y debemos citarlas para que carguen con su culpa: la industria de la carne, los agronegocios así como sus inversores del mercado financiero son los mayores culpables de los ataques contra los pueblos de la Amazonia y, por supuesto, también son los que más se benefician de ello. Aunque el gobierno actual intente culpabilizar a los estratos más empobrecidos de la sociedad por la devastación de la biodiversidad en la Amazonía y Brasil, un interesante reportaje del The Intercept Brasil comprobó que, por detrás de los incendios y la deforestación, hay entidades poderosas: “Datos públicos del Ibama, agencia del gobierno federal responsable por preservar el medio ambiente, analizados por De Olho nos Ruralistas, muestran que los 25 deforestadores más grandes, en la historia reciente del país, son grandes empresas extranjeras, políticos, personalidades de columnas sociales y incluso una empresa vinculada a un banquero y tres explotadores de mano de obra esclava “. Esta es la parte 4 de la introducción a la historia “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”: Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: [estás aquí] Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? Vea también: El asedio explicado en un mapa Y en medio de todo esto – la monopolización de tierras, los incendios, la soja y sus pesticidas, los puertos que impiden la pesca, los megaproyectos que destruyen formas de vida que las comunidades resisten, a pesar de la extrema presión y amenazas a la vida. Estas Comunidades y Pueblos terminan transformándose en entidades abstractas, sin embargo, son personas simples y de hábitos comunes: disfrutan del fútbol, del almuerzo familiar, del baño en el río, del descanso en la hamaca. Pequeñas y pequeños agricultores, pescadoras y pescadores, extractivistas de reservas legales, comunidades quilombolas y pueblos indígenas que querían, si fuera una opción, simplemente continuar sus vidas en el lugar al que pertenecen, cuidando de la floresta de la cual dependen. Otro mundo no es posible, solo existe este. Por eso hay que lucharNo es posible coexistir con el deseo infinito de destrucción de la expansión capitalista: su veneno contamina todo, los lagos sufren con la polución y se secan, la tierra está contaminada, las personas son expulsadas de sus territorios, atacadas, cobardemente asesinadas. El discurso de odio de Bolsonaro y las políticas de desmantelamiento de las áreas ambientales y agrarias, en defensa de los intereses de los agronegocios y las grandes industrias extranjeras, se materializan en violencia. Hay que tener en cuenta que los asesinatos de indígenas aumentaron 22.7% en 2018. Para vencer esto, nos queda una lucha continúa: diariamente, con un trabajo de hormigas, poco a poco – tan difícil como necesario y gratificante. Justamente esto es lo que nos enseñan las historias que escuchamos en la reciente visita a la región de Tapajós, Pará. Ellas evidencian la destrucción del capital en el Amazonas, con el monopolio de tierras, el avance de megaproyectos sobre comunidades enteras, el ataque a los bosques y ríos, amenazas a quienes se oponen y defendien las formas de vida tradicionales así como los derechos de los pueblos. No nos resulta sorprendente que estas personas reciban el apodo de Protectoras y Protectores del Bosque – no hay un nombre más justo. Regrese a la página central “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?“ Lea también las partes 2 y 3 de la introducción:– ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?– El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturaleza También confira: El asedio explicado en un mapa
El asedio explicado en un mapa

En el vídeo a continuación, el presidente de la Unión de Trabajadores Rurales, Agricultoras y Agricultores Familiares de Santarém (STTR-STM), Manoel Edivaldo Santos Matos, conocido como Peixe, explica, a partir de un mapa de la región de Tapajós, el asedio del capital al Amazonas: Subtítulos disponibles en español e inglés Santarém: un plan maestro hecho a medida para la expansión del capital sobre la Amazonía En la última sesión legislativa de 2018, ignorando por completo toda la participación popular que había sucedido hasta ahora, los concejales de Santarém, sin ninguna vergüenza, aprobaron la Ley N ° 20534, que instituye un nuevo Plan Maestro para la ciudad: un plan hecho a medida para los agricultores de soja, ruralistas, monopolizadores de tierras, inversores de megaproyectos, mineros de oro y la industria del turismo. Esta es la primera historia del reportaje “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”. Vea otros contenidos publicados: INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) [usted está aquí] El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río Por un lado, se expandió el puerto, involucrando convenientemente a toda la región del lago Maicá, donde hay planes para la construcción de cinco puertos privados destinados al flujo de soja. Por otro lado, creció la área urbana, lo que permite la construcción de nuevos edificios y construcciones orientadas a la explotación de turismo junto a orillas del río Tapajós. Esto involucra toda el área que va en dirección a Alter do Chão, considerada una de las playas más bellas de Brasil y que, también, fue el foco de los incendios del 2019. Nada es casual, el ciclo vuelve ocurrir: incendios, monopolización y venta ilegal de tierras – sea para la expansión de los agronegocios o para la venta de parcelas a particulares o para empresas turísticas. En cualquier caso, implica violencia contra las personas y las comunidades locales, así como el derrumbe de la floresta. La invasión acecha: madereros ilegales; expropiación de terrenos; soja; pesticidas; ganado; puertos; minería; ferrocarriles; contaminación del suelo y el agua; especulación inmobiliaria; expulsión de familias quilombolas, indígenas, pequeñas y pequeños agricultores a las afueras de las grandes ciudades; amenazas y ataques a cualquiera que intente cualquier clase de resistencia. Volvemos a subrayarlo: no hay coexistencia posible con el ciclo de muerte causado por el capital. Regrese a la página central “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?“ Lea también las partes 2, 3 y 4 de la introducción: – ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?– El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturaleza– Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? Ou avance para a próxima historia:– Un puerto atrapado por el río
Curuaúna: por un lado, soja; del otro, más soja

La región de Curuaúna se encuentra justo arriba de las Tiningu y Bom Jardim. Desde allí, gotea el veneno de los vastos campos de soja, como una amenaza perenne para los quilombos y el río Maicá. Caminando por la región Francinaldo Miranda, del Sindicato de Trabajadores Rurales, Agricultores y Agricultores Familiares de Santarém (STTR-STM), enseña la ingeniosa arquitectura de los productores de soja, o tal vez sus habilidades para el diseño de “interiores” – Esto es un pequeño avance, no más que dos o tres metros, desde el campo de soja hacia el bosque; así poco a poco se quema el bosque y, año tras año, como si nada sucediera, la soja ocupa todo el espacio disponible”, como si necesitara crecer más: hoy, se puede decir que en medio del campo de soja hay un bosque (cuando antes había un bosque en el medio del campo de soja) – Ellos construyen este muro para que la vista desde la carretera quede bloqueada. Nadie ve nada y la floresta parece estar bien. El muro citado es una fina franja de árboles que, de hecho, cumple su función: sólo es posible contemplar la inmensidad de la soja cuando lo volteamos, la soja se pierde de vista, por un lado, por el otro lado, adelante y atrás. Sin embargo, desde la carretera, es como si los árboles todavía estuvieran presentes. Esta es una de las historias en la historia “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”. Explore más contenido: INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río3) Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos4) Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida5) [usted está aquí] Curuaúna por un lado, soja. Del otro, más soja6) El rostro impreso en la camisa Los impactos en la floresta y en las comunidades locales, obviamente, son enormes: la soja representa el monopolio de tierras, incendios, deforestación, pesticidas, además de necesitar una infraestructura completa para su transporte y exportación, lo que también impacta a los pueblos de la región. Algunos casos, sin embargo, son aún más absurdos: como la situación de una pequeña escuela en la comunidad de Buena Suerte (y el nombre parece una ironía sádica de la vida). Allí, la distancia entre la ventana de la clase y el campo de soja ni alcanza los dos metros, y lo más grave: el uso de pesticidas ni siquiera respeta el horario escolar, que es continuo a lo largo del año. La exposición de los niños a la contaminación es directa. La región de Curuaúna recibe tal impacto del uso de pesticidas de soya (el principal es el glifosato – Monsanto’s Round-Up) que se están realizando estudios con la sangre de los residentes para medir el tamaño del daño que tiene que soportar la salud de las personas. Los resultados de esta investigación aún no fueron publicados. Sin embargo, hay otros estudios disponibles, como la disertación de Nayara Luiz Pires, de la Universidad de Brasilia, que en 2015 investigó la expansión de la frontera agrícola en la Amazonía así como la contaminación por glifosato en la región de Santarém. La investigadora llega a subrayar en sus estudios que hay “un riesgo probable de exposición humana a los pesticidas, principalmente a través del tracto respiratorio”. Huyendo de la soja: pueblos fantasmas y abandonoPor supuesto, muchas familias no quedaron para descubrir si los pesticidas son dañinos o no. Así, comunidades fueran abandonadas, proporcionando un mapa del vacío, de ese agujero en la existencia – Allí había un campo de fútbol, – Allí muchas casas, – Aquí había una escuela, nos enseña Francinaldo mientras avanza por la carretera que cruza los campos de soja. Incluso los tradicionales partidos de fútbol entre las comunidades vecinas corren riesgos de dejar de existir, simplemente porque las ciudades fantasmas se quedan sin gente, y no hay jugadores: nadie más podrá desafiar al temido São Jorge, gran equipo de la región. Francinaldo, nativo del área de Curuaúna, era portero y cuenta – El delantero central estaba a solo unos metros de mí y era uno de aquellos que patea con fuerza, era mi amigo, pero pateó con ira, y la patada fue tan fuerte que desgarró el vientre de Francinaldo, una herida que solo descubrió más tarde, después del juego, mientras volvía a la casa, intentando no enseñar su dolor a su oponente. Él incluso necesitó realizar una cirugía y tardó años en recuperarse por completo. Sin embargo, consiguió lo más importante: defendió el tiro e impidió el gol del adversario. Esto significa el avance de la soja (además de la muerte, la contaminación y el monopolio de tierras): el fin de la cultura y la vida local. Regrese a la página central “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?“ Lea también las partes 2, 3 y 4 de la introducción: – ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?– El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturaleza– Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? Y las historias: – El asedio explicado en un mapa– Un puerto atrapado por el río– Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos– Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida– [usted está aquí] Curuaúna por un lado, soja. Del otro, más soja– El rostro impreso en la camisa
Un puerto atrapado por el río

– Visagem? No, no hay ninguna visagem en el bosque; está en el agua, y la visagem toma otras formas, pero siempre le abre paso al miedo (Visagem significa maldición en el vocabulario local). En la región de Maicá, al sureste de Santarém, la maldición ha tomado una forma muy concreta, todos la ven y están preocupados: es un puerto. Embraps (Compañía Brasileña de Puertos de Santarém) pretende instalar un puerto en la Boca do Maicá, la conocida entrada del río que se extiende por el Amazonas, regresando al mismo río y luego siguiendo su flujo hacia Macapá (AP), llegando al océano atlántico. Sus aguas tienen una rica biodiversidad y abastecen alrededor de 50 comunidades, todas ellas están en riesgo si el proyecto del puerto avanza. Esta es la segunda historia del reportaje: “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”: INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) El asedio explicado en un mapa2) [usted está aquí] Un puerto atrapado por el río3) Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos Entonces, no es una maldición: es la realidad que asusta; y es entre risas e historias que Narivaldo dos Santos nos habla sobre el Estudio de Impacto Ambiental de Embraps – Ya sabes, pesco aquí pirarucu, tambaqui, surubim, pacu, acará, pescada, aracu, carauaci, arauanã, acari, fura-calça, mapará (el blanco, claro) … y hay mucho más, porque cuando hablo de acara, solo hay ocho especies aquí en nuestra región: el lila, el bararuá, el boca-de-pote, el escama-grossa, el tinga, el açu… El tucunaré también: hay el açu, el pinima y el común, y el surubi de cabeza plana, el pinima, el pintado, y mucho otros. Tanta variedad que podemos decir: hoy no quiero este, devolviendolo para tomar el siguiente, es un menú diverso. Ahí, en el estudio de esta compañía, casi no hay tipos de peces, ni pájaros, caimanes, capibaras, armadillos, ni el manatí, que está en peligro y lo encontramos aquí en nuestro río… Sí, tal vez los investigadores de la Embraps no sabían pescar. Narivaldo es líder de la comunidad quilombola de Bom Jardim, tiene 42 años y no los aparenta: corre rápido a través de los troncos de palmeras caídos sobre el agua que sirven como un camino hacia donde los barcos de la comunidad pesquera descansan -de las aproximadamente 120 familias, al menos 90 pescan en Maicá, algunos para el comercio, otros solo para la subsistencia. Con pasos ágiles, hace que parezca fácil, lo que definitivamente no es: pero aunque sean tortuosos, los troncos siguen siendo un camino, y después de unos diez minutos de frágil equilibrio entre palmeras inclinadas llegamos a una hermosa cala, donde la hierba verde se encuentra con el agua tranquila del río, y allí las canoas se agitan ligeramente. A remo, el centro de Santarém está a horas de distancia. A veces, un pez se aventura en un salto, como para mostrar la riqueza del río – Ni siquiera hay que ir muy lejos para encontrar más de dos tipos de peces, Narivaldo se ríe nuevamente, antes de hablar en serio – La gente se da cuenta que al gobierno no le importa el Amazonas, ni nuestros ríos. En cierto modo, ya han dado la orden para la construcción del puerto. Solo se detuvo debido a la acción de FOQS [Federación de Organizaciones de Quilombola de Santarém], que presentó una solicitud de consulta previa con el MPF [Ministerio Público Federal]. Si dependiera del gobierno la construcción del puerto ya habría tenido lugar, contra el deseo de las comunidades quilombolas: a cualquier precio vamos hacer lo que podamos para evitarlo, sí, lo haremos. Ellos dicen que los impactos pueden compensarse, pero eso no es posible: queremos vivir como lo hacemos hoy. La instalación de un puerto en Maicá (no solo uno: hay proyectos para cinco puertos en el río) implica la destrucción de esa forma de vida y es un ataque directo a las 12 comunidades de quilombolas que circundan el río, entre ellas la de Bom Jardim. Como testamento, los antiguos dueños de esclavos de la granja local, que no tenían herederos, dejaron la tierra a las seis familias que fueron explotadas allí. Eso fue hace 142 años: han pasado casi dos siglos de pertenencia y lucha en ese espacio. Ahora, en nombre del beneficio de unos pocos, todo puede desaparecer. Consulta previa y Convenio 169 de la OITSin embargo, la movilización popular y jurídica, con el apoyo de Terra de Direitos, surtió efecto y la licencia del proyecto fue suspendida. La empresa debe realizar consultas previas, gratuitas e informadas a todas las comunidades afectadas (quilombos, pueblos indígenas y pescadores), de conformidad con el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Los estudios organizados por el Embraps fueron tan superficiales que ni siquiera consideraron el componente quilombola, tan relevante en esa área, y este debe ser agregado en el nuevo estudio que presentará la compañía. Aunque no tiene poder de veto, la consulta obligatoria con las comunidades afectadas puede considerarse una victoria: después de la decisión judicial favorable, las 12 comunidades organizadas en FOQS se apresuraron a construir su propio Protocolo de Consulta, que también fue realizado por las comunidades de pueblos indígenas y pesquerías afectados. La suspensión de licencia también retrasa el cronograma del proyecto, que es de alto impacto, lo que permite más tiempo para la difusión de información en la región. El pronóstico del Embraps era que, solo en el primer año de operación, se podían exportar 4,8 millones de toneladas de soja a través del puerto instalado en Maicá, gran parte del cual provenía de la región del Medio Oeste de Brasil a través de la BR-163 . Vea que la infraestructura de flujo también afecta el medio terrestre: un caso similar
Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos

Nadie lo sabe con certeza: si saldrá, si quedará, a dónde irá, cómo será. Es una inseguridad tremenda y, de repente, toda esta tierra en la que viven comienza a tener “dueños”, dueños que no son ellos mismos que viven allí: alguien paga un impuesto a la propiedad como una forma de reclamar ese espacio y luego las amenazas crecen, se oye por las esquinas de las calles – El quilombola es un ladrón de tierras, y se cae así en una flagrante contradición, porque quién llegó primero fueron los negros, así como los pueblos indígenas en otros lugares, pero siempre es así: el invasor es otro. Esta es una historia del reportaje: “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?” INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río3) [usted está aquí] Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos4) Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida Hoy, en Pérola do Maicá, el barrio donde se instalará el puerto de Embraps, se vive con miedo. Hay siempre que estar atento, especialmente en un momento político en el cual el presidente de la República es abiertamente racista: ya ni le importa esconderlo, e incluso aquellos que tienen el deber institucional de defender los derechos de la población negra afirman absurdos como – El Brasil tiene un racismo fake. El verdadero racismo existe en los Estados Unidos. Los negros de aquí se quejan porque son estúpidos y están mal informados por la izquierda. Son tiempos realmente raros, quizá el puerto de Embraps, y otros de la región de Maicá, ni siquiera salgan adelante: pero el daño que trae llegó con mucha anticipación, ya están allí, y Lídia de Matos Amaral, 38 años, de la comunidad quilombola Pérola do Maicá, es quien nos lo cuenta: Ella ya estuvo en regiones donde se construyeron puertos. Y las historias son muy similares a las que ella, sus compañeras y compañeros quilombolas así como sus vecinas y vecinos del barrio viven hoy – Es muy complicado. La violencia se triplicará, cambiará todo el estilo de vida pacífico que tenemos aquí. Hablan de compensaciones: los empresarios piensan que el dinero puede comprar todo, pero ¿cómo se compensa un modo de vivir que fue destruído? ¿una tradición olvidada? ¿una conexión con la tierra desecha? Incluso lo poco que prometen, el supuesto desarrollo y progreso, puestos de trabajo, también es mentira, es solo observar cuántas mega empresas ya han destruido diversas comunidades brasileñas. Seguimos sin conquistar el desarrollo, no hemos progresado – Mira el puerto de Cargill: ¿dime cuántas personas de Santarém trabajan allí?, y quizás el puerto de Cargill, que fue instalado de manera irregular sin respetar los procesos de concesión de licencias sin preocuparse con la comunidad local y que destruyó la playa de Vera-Paz, un antiguo lugar turístico y zona de ocio de Santarém, debería servir de ejemplo (para recordar las irregularidades de Cargill acceda: aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí): porque es así, y no como dicen las falsas promesas de empresarios y gobiernos. Esas promesas son ilusorias. Lo es concreto es la destrucción – Somos nosotros que quedamos con las pérdidas, bien sabe Lígia que ya vio esto pasar en otros lugares. En efecto, ahí está el puerto de Cargill para recordarnos cómo el capitalismo realmente lleva a cabo sus “desarrollos”. Valda, también lo sabe [y no por nada otra mujer, Lígia también lo sabe – Las mujeres están en primera línea, ofrecen sus rostros y sufren muchas represalias. Por esto tenemos que fortalecernos. La defensa del territorio es también una defensa de los cuerpos, los cuerpos de los demás, de las hijas y los hijos, es una conexión profunda, axé – Muchas de las mujeres que conocí ya no están aquí (el patriarcado dejó su mensaje) – Pero nos arrancan una y nacen cinco más, todavía más fuertes, que continuarán con esta lucha cruel y desigual.] Valda es Valdeci Oliveira Sousa, de 52 años. Ella es parte de la CPP (Comisión Pastoral de Pesca) y es presidenta de la asociación de residentes de Pérola do Maicá. Ella también ya siente los impactos del puerto de Embraps – Sentimos este impacto desde hace cinco años, justo cuando nos enteramos de la existencia del proyecto: todo cambió, desde lo más básico, como convivir con los vecinos; los conflictos han aumentado, ahora existe desconfianza entre los líderes, se ha roto la armonía. De repente, nacieron nuevas organizaciones vecinales – siempre hay personas que quedan encantadas con las falsas promesas de dinero y “desarrollo”. Son hechas para facilitar la entrada del proyecto en las comunidades, el veneno gotea a través de las arterias del vecindario, por las calles pequeñas y hechas de arcilla, que luego serán ampliadas, aunque para ello tengan que pasar por encima de las casas. Si la construcción del puerto sale, familias enteras serán desahuciadas, en el vecindario y en el quilombo, y nadie sabe para dónde van. Además, las políticas públicas para el vecindario fueron bloqueadas: hace años que el barrio es olvidado, un proceso lento y doloroso de expulsión – Ellos quieren que salgamos de aquí, así que no hay más infraestructura, no hay inversión, tuvimos mucha dificultad el invierno pasado [que es la temporada de lluvias, diciembre, enero, febrero, cuando es verano en la mayor parte de Brasil], las calles están llenas de agujeros y los autobuses tienen horarios reducidos, ese es el mensaje – Si no quieren salir? Tendrán que sufrir. Regrese a la página central “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?“ Lea también las partes 2, 3 y 4 de la introducción: – ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?– El “ganar-ganar” de las
Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida

Transquilombo: este es el apodo cariñoso del camino de difícil acceso que conecta a todos los quilombos con la orilla sur del río Maicá. Debido a ello es que, dejando el quilombo de Bom Jardim, se puede llegar a Tiningu en unos minutos. Y es en Tiningu donde se encuentra Bena, o mejor: Raimundo Benedito da Silva Mota, un personaje histórico en la región – Sigo el liderazgo quilomboba desde que tenía 15 años, hoy tengo 60, ya se van 45 años de lucha. Actualmente, Bena es presidente de la Asociación de Remanentes de Quilombo Tiningu y vicepresidente de FOQS (Federación de Organizaciones de Quilombola en Santarém). 45 años: Bena vio el mundo ir, venir, volver y seguir donde está, por esto habla con calma. Y también recomienda tenerla – Esta es un área para los que escaparon de los cuartos de esclavos; es preciso tener paciencia con el momento histórico. La comunidad Tiningu existe desde 1844 – tiene 176 años- y fue solamente en octubre de 2018 que Incra publicó en el Boletín Oficial de la Unión el reconocimiento y demarcación de la comunidad. La burocracia de los blancos retrasó casi dos siglos – y todavía hay un último paso para el título final: la firma del Presidente de la República. Él, Jair Bolsonaro, el mismo que dijo – He ido a un quilombo. El descendiente africano menos delgado de allí pesaba siete arrobas. No hacen nada. No creo que ni siquiera que sean útiles para la procreación, y también – En lo que a mí respecta, todos tendrán un arma de fuego en casa, no habrá una pulgada demarcada para una reserva indígena o quilombola. Obviamente, estos discursos racistas resuenan en las estructuras del Estado brasileño: la asignación de recursos públicos para la titulación de los territorios quilombolas cayó en más del 97% en los últimos cinco años. Esta es la primera historia del reportaje: “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”. Vea otros contenidos: INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río3) Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos4) [usted está aquí] Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida5) Curuaúna: por un lado, soja. Del otro, más soja Aun así, Bena no pierde su paciencia: ¿qué son cuatro años, o un puñado más, frente a siglos de resistencia? – El tío Babá, me contaba historias, tenía 108 años. Y Bena aún hoy mantiene viva la tradición oral, cuenta y vuelve a contar las historias de Tiningu. Recuerda los días en que sus vecinos y familiares tuvieron que irse porque los niños sufrían de anemia y no había ningún puesto de salud cerca; entonces era necesario remar por casi dos horas hasta llegar a Santarém, pero a los adultos también les faltaba fuerza porque carecían de comida, independientemente de la edad, tampoco había acceso a la educación: así todos marchaban a Santarém, para vivir en la periferia de la ciudad, dejando atrás su cultura y su rincón en el mundo. Hasta que un día ellos regresaron, y regresaron porque valía la pena regresar, y luego las familias dejaron de ir. Todo sucedió debido a la organización de la lucha quilombola, iniciada por el propio Bena quien, durante un seminario en Belém, se descubrió quilombola: allí escuchó sobre los estudios del territorio de Tiningu y su historia, los mismos comprobaban que esta región era un área de descendientes de antiguos esclavos. Bena trajo esta información a la comunidad y se sorprendió: muchos de sus vecinos negros se negaron a ser llamados quilombolas, reproduciendo un discurso de prejuicio contra esta población. En la primera reunión convocada para discutir sobre este tema, solo aparecieron 17 familias – incluyendo la de Bena, su hermano, sus padres y sus tíos. Pocos. Pero pasó el tiempo, la lucha continuó y la asociación quilombola consiguió, después de mucho presionar al ayuntamiento de Santarém, recursos para un puesto de salud y una nueva escuela, ahora ellos también cuentan con una escuela primaria, antes solo había una guardería en la región. Así, hoy en Tiningu, 90 familias se llaman quilombolas y esperan con orgullo el título de sus tierras, una medida que traerá seguridad a la comunidad en los conflictos con los agricultores locales. Conflictos con agricultores locales: corte en el acceso al agua y asesinatoUno de ellos, un vecino del quilombo en un terreno más alto, afirmando poseer el arroyo que existe entre sus tierras y el quilombo, cortó el acceso al agua para toda la comunidad. Incluso el centro de salud quedó sin suministros y tuvo que parar con sus atendimientos. El caso fue judicializado. En nombre de la memoria de su pueblo, Bena cuida muy bien del cementerio local: área que estaba siendo disputada por otro hacendero, que tuvo que ceder debido a la importancia histórica del espacio. Ahora la tierra de esta hacienda está cortada por un cementerio donde las lápidas suman cuerpos e historias de lucha. Es ahí donde Bena recuerda otro caso reciente: el cuidador de una otra hacienda, en un conflicto de poca explicación, asesinó a uno de los quilombolas, supuestamente después de una pelea. El asesino hasta hoy sigue fugado. Respecto a la memoria, Bena nos cuenta un plan: transformar la vieja escuela en un museo de la historia de los quilombolas de la región. Finalmente el registro oral del tío Babá obtendrá una preservación histórica y así ya nadie olvidará que la lucha cambia la vida. Regrese a la página central “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?“ Lea también las partes 2, 3 y 4 de la introducción: – ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?– El “ganar-ganar” de las empresas con la
El rostro impreso en la camisa

Los ojos miraban directamente a la impresión de la camisa y se perdieron allí. La persona tardó mucho en apartar la vista – ¿Es María del Espíritu Santo? Es ella, ¿no? Y la respuesta fue que sí. Quien preguntó sobre la imagen de la camisa de uno de los presentes fue Maria Ivete Bastos dos Santos, mujer de 52 años – siete de ellos dedicados a la presidencia de la organización, entre 2002 y 2008. Ocurrió en la celebración del 46 aniversario del Sindicato de Trabajadores Rurales, Agricultores y Agricultores Familiares de Santarém (STTR-STM). Chico Mendes, Marielle Franco, Hermana Dorothy, Berta Cáceres, entre otros, también se quedaron mirando desde la tela blanca de la camisa, devolviéndole la mirada seria. Pronto Maria Ivete descubrió que la impresión era un homenaje a los defensores de los territorios asesinados en Brasil y América Latina en las últimas décadas, además de ser una protesta por la falta de soluciones a estos crímenes. La voz tembló por un segundo antes de volver a su firmeza habitual: ver el rostro de su amiga Maria do Espírito Santo, sorprendió a Maria Ivete – No esperaba ver esto hoy, y a veces el recuerdo es una carga pesada, duele. Esta es una de las historias del reportaje: “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”. Vea el contenido ya publicado en: INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río3) Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos4) Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida5) Curuaúna por un lado, soja. Del otro, más soja6) [usted está aquí] El rostro impreso en la camisa7) La noche de las motos En el estado de Pará, uno de los más peligrosos para quienes defienden los derechos del pueblo, las dos mujeres lucharon lado a lado. Maria Ivete, presidenta de STTR-STM, además de otros cargos que ha ocupado en el sindicato a lo largo de los años; y Maria do Espírito Santo, quien, junto con su esposo Zé Cláudio, trabajó y vivió en el Asentamiento Agroextractivo Praia Alta Pirandeira, en Nova Ipixuna, región de Marabá. La pareja recibió amenazas constantes por enfrentar a los madereros ilegales y ruralistas de la región. Zé Cláudio ya conocía su destino: iba a morir. Alertó a todos, sin que su esfuerzo sirviera de mucho: ambos fueron asesinados, emboscados por pistoleros dentro de la reserva ambiental donde trabajaron y preservaron la tierra durante 24 años. Esta emboscada cobarde ocurrió en 2011. Desde entonces, han pasado nueve años de duelo por Maria Ivete – Le dije que no fueran en bici ese día, aunque Maria Ivete sabe que esto fue un mero detalle – No sufrimos por la amenaza sino por estar marcada, es casi una cuestión de tiempo antes de que la muerte ordenada encuentre al objetivo. Mientras tanto, la amenaza es una especie de anticipación mortal, una inversión absurda en el orden natural de las cosas. El destino que se cierne sobre tantas cabezas evita que la vida se complete, por mucho que uno esté vivo, con un corazón pulsante, una respiración plena y una mente que recuerde. Si uno sigue vivo, es bajo duras circunstancias. Como el caso adquirió grandes proporciones y tuvo repercusiones internacionales, los dos hombres que asesinaron a Maria do Espírito Santo y Zé Cláudio fueron condenados por los tribunales; el ordenante del crimen, después de ser absuelto en 2013, fue a un nuevo juicio tres años después en lo cual finalmente fue declarado culpable. La pena: 60 años de prisión. Sin embargo, solo uno de los asesinos está en la cárcel. José Rodrigues Moreira (quién ordenó el crimen) y su hermano, Lindonjohnson Silva Rocha (uno de los asesinos), están en libertad desde noviembre de 2015 – No sé hablar de justicia, así hablo de injusticia, y esa es la referencia, después de todo: la injusticia es lo conocido y experimentado, dejando su opuesto, la justicia, en algún lugar del horizonte, distante e irreal. La protección de las defensoras y los defensores de los derechos de los pueblos sigue siendo insuficienteEn el Pará – aún en 2017- 90 personas estaban en el listado para ingresar en el Programa para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos (PPDDH) –el estado es el tercero con el mayor número de personas dentro del programa. Para Maria Ivete, ya son más o menos diez años viviendo con escoltas, restricciones de horarios y movimientos: hoy ella está bajo la proteción del Programa Estatal para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos en el Pará, organización que también protege a otras 77 personas en el estado. Ella no se siente en seguridad, por el contrario – Vivir con protección es recordar la amenaza todos los días: no voy a fiestas, en los lugares a los que vamos no podemos salir ni a la esquina, ni en un bar, nada. El PPDDH, aunque sea un avance importante (surgió como reacción al asesinato de la hermana Dorothy Stang, también en Pará, en 2005), sigue siendo bastante precario. Se hace necesario una articulación entre los estados; sin embargo, son solo seis que cuentan con programas implementados a través de acuerdos: Bahía, Río de Janeiro, Pernambuco, Ceará, Minas Gerais y Maranhão. En Pará, la operacionalización se realiza a través de una central en Brasilia. Sin embargo, la cuestión principal es otra: el programa resulta útil cuando la situación ya es extrema, en casos de persecución y ataques. Se cree que la vigilancia por parte del Estado puede, como mínimo, limitar el trabajo de los asesinos. Sin embargo, poner fin a los ataques contra a las defensoras y los defensores de los derechos de los pueblos requiere una respuesta estructural: la regularización y
La noche de las motos

Vruuuum vruuum vruuuuuum es el ruido que despertó a José Marques da Costa, un trabajador rural de Alenquer, pequeño municipio del estado de Pará con poco más de 50 mil habitantes. De sus 53 años, la gran mayoría de ellos fueron marcados por noches de insomnio. Así son son las noches en muchos rincones de Brasil para aquellos que se atreven a defender los derechos de las pequeñas y pequeños trabajadores de la tierra -exactamente lo que él hace, y cuando escuchó el cuarto vruuum José Marques se puso de pie, alerta. Esta es una de las historias del reportaje: “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”. Vea el contenido ya publicado en: INTRODUCCIÓN Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? HISTORIAS 1) El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río3) Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos4) Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida5) Curuaúna por un lado, soja. Del otro, más soja6) El rostro impreso en la camisa7) [Usted está aquí] La noche de las motos8) Con organización, todos luchan Unos meses antes, le habían llegado nuevos mensajes (siempre indirectamente, la advertencia del cobarde) – Mataremos a unos cinco, ni siquiera lo sabrán. La justicia es lenta, con la bala lo resolvemos más rápido. Si antes José dormía con un ojo abierto, después del aviso comenzó a dormir con los dos ojos abiertos en noches de poco o ningún descanso. Antes la tele le ayudaba a dormir, ahora sucede lo contrario: la voz del actual presidente de la República, Jair Bolsonaro, agravaba su insomnio, y en él retumbaban frases como – Quién debería estar detenido son las personas del MST (movimiento sin tierras), son sinvergüenzas y vagabundos. Si los policías reaccionaron fue para no morir, y – Disparemos a la gente que respalda el PT (partido de los trabajadores) en el estado del Acre! Discursos de odio que incentivan, así como materializan, la violencia contra las trabajadoras y los trabajadores rurales en la Región del Amazonas, y en Brasil. Es decir, contra el propio José. La primera cita del discurso de Bolsonaro se refiere a la Masacre de Carajás, cuando la policía militar de Pará asesinó a 19 trabajadores sin tierra; la segunda se realizó durante su campaña presidencial de 2018. Vruuuum vruum siguió el ruido, y José Marques se arriesgó a asomarse a la calle. Motocicletas. Muchas motocicletas: una, dos, tres, media docena, nueve, diez, era difícil de contar por el constante movimiento circular de los vehículos, que aceleraban y desaceleraban en frente de su casa. Deberían ser en total en torno a veinte, pronto José comenzó a enfocarse no en el número de motos, sino en quién las montaba: ciertamente eso parecía mucho más importante. Fue entonces cuando vio a vecinos, amigos, colegas, y el miedo que se había acumulado en su pecho dio paso a la curiosidad – ¿Qué hacen aquí a esta hora? y luego, para su conmoción descubrió que el circo establecido allí no era una emboscada. Por el contrario era una escolta para protegerlo exactamente de un posible ataque o asesinato. Desde el final del día anterior, un rumor había corrido por el pequeño pueblo de que hombres armados, listos para atacar a José Marques, acechaban el camino – Son todos muy traicioneros, entran en tu casa como si fueran invitados, se sientan para tomar un café antes de matar a la persona. Era una muerte ordenada por los grandes agricultores de la región. Las aproximadamente veinte motocicletas servirían, y finalmente fueron, un escudo que protegió a José. Así, él también decidió subir a su moto, en medio de la noche del pequeño Alenquer, para luchar y vivir otro día junto con los suyos. Monopolio de tierras: CAR, posesión autodeclarada y “cuatro años de tormentas”Lo que llevó a los pistoleros a perseguir a José Marques está relacionado con su cargo: presidente de la Asociación Comunitaria de Residentes y Pequeños Agricultores de la Comunidad Limão Grande, ubicada en Alenquer. Allí, 86 familias vivieron y trabajaron en un área de aproximadamente diez mil hectáreas, hasta que, en 2016, comenzó lo que José llamó “Cuatro años de tormenta”. Primero, hubo una solicitud de tierras por parte de los agricultores, equivalentes a tres mil hectáreas del área donde vivían las familias. En consulta con Incra, y con el apoyo del Sindicato de Trabajadores Rurales, Agricultores y Agricultores Familiares de Alenquer (STTR-ALQ), comprobaron que esta solicitud era justa: las familias aceptaron abandonar esa área, redistribuyéndose en los siete mil hectáreas restantes. Mientras tanto, la tierra fue georreferenciada, un paso necesario para que la comunidad se registrara en el CAR (Registro Ambiental Rural). Una vez realizado el trabajo, regresaron a Incra y se encontraron con la sorpresa: quince días antes, varias personas ya habían registrado esas áreas como propias. De repente, la tierra donde vivían las familias desde 2007 tenía nuevos “dueños”. Nunca hubo una inspección por parte de Incra para verificar si quienes hicieron el CAR realmente ocuparon la tierra autodeclarada; si la hubiera habido, sería simple ver quién realmente ocupaba el área reivindicada – Ellos [los órganos competentes] ni siquiera saben dónde está la tierra (sin embargo, José sí lo sabe y esto parece ser inútil). El registro, basado en la información proporcionada por el solicitante, no tiene fecha límite para la verificación por parte de la agencia pública competente: algunos estados afirman que el análisis de los registros tardaría entre 25 y 100 años. Sin embargo, contrariamente a la conocida lentitud de la justicia y el poder público, antes de que pudiera llevarse a cabo la debida inspección, se decretó la recuperación del lugar, lo que ocurrió con un fuerte aparato policial. En resumen: 86 familias fueron puestas en la calle, con una cruel
Con organización, todos luchan

El viaje fue largo, entre Santarém y Alenquer. Son dos horas en ferry y otras tres o cuatro horas por carretera, parte en asfalto y otra en tierra. Durante este trayecto Toto, un hombre silencioso y Mara, una mujer a la que gusta hablar, aprovecharon la oportunidad para contar algunas historias que vivieron, él como ex presidente y actual vicepresidente del Sindicato de dos trabajadores rurales, agricultores y agricultores familiares de Alenquer (STTR-ALQ), y ella como la presidente de la organización. Todas las historias contadas tienen un eje en común: destacan la importancia del sindicato para garantizar la conquista de los derechos, los servicios de asistencia técnica y la seguridad de los trabajadores rurales. Esta es la última historia del reportaje: “¿Qué pasa realmente en la Amazonía?”. Vea el contenido ya publicado en: Parte 1 (página central): ¿Qué pasa realmente en la Amazonía?Parte 2: ¿Quién se ve favorecido con las respuestas de Bolsonaro a los incendios?Parte 3: El “ganar-ganar” de las empresas con la financiarización de la naturalezaParte 4: Por fin, ¿quién está detrás de estos crímenes? Y las historias de resistencia: 1) El asedio explicado en un mapa2) Un puerto atrapado por el río3) Antes de que el puerto llegue (si llega), ya han llegado los impactos4) Centro de sanidad y escuela quilombola: la lucha cambia la vida5) Curuaúna por un lado, soja. Del otro, más soja6) El rostro impreso en la camisa7) La noche de las motos8) [usted está aquí] Con organización, todos lo luchan Alenquer es un pueblo pequeño, con poco más de 50 mil habitantes. Y es inestable: los alcaldes no tienen costumbre de completar sus tiempos de mandato. La alcaldía interrumpida ya se ha convertido en una tradición. Ese mismo día, mientras Totó y Mara nos contaban historias, el presidente de la Cámara de Vereadores asumió el cargo de alcalde, otro giro en la política local. Pero centrémonos en la historia de Totó y Mara: en un determinado momento, hace años, indignados por la ausencia de políticas públicas en la región… Antes una pausa: Totó, cuyo nombre es João Gomes da Costa y tiene 47 años, mira en el espejo retrovisor y ve un gran coche blanco que se adelanta. Después de adelantar nuestro auto, disminuye la velocidad. Luego acelera bruscamente para desaparecer en el horizonte. Mara, abreviatura de Aldemara Ferreira de Jesús, de 37 años, se da cuenta de que el letrero del coche era de Santarém. …Indignados por la ausencia de políticas públicas; con los retrasos salariales de profesores y profesionales de la salud; con el mal estado de las carretera; en resumen, con un paquete completo de indignaciones: el pueblo decidió bloquear la carretera que da acceso a la ciudad. Y eso porque el alcalde se negó en varias ocasiones a dialogar -incluso expulsó a Totó y Mara de las reuniones- demostrando un extremo desinterés por el pueblo, como prueba el hecho de que la población, para ser oída, tuvo que bloquear la carretera. Una multitud de trabajadoras y trabajadores de diferentes áreas se reunieron en el lugar -había trabajadoras y trabajadores rurales, organizados por el sindicato, también profesores y profesionales de la salud, barrenderos, representantes de la iglesia, todos juntos – rápidamente el alcalde y sus secretarios, así como el el juez, se presentaron, organizando una reunión en el Ayuntamiento ese mismo día. Se acordó que solo 50 representantes de la sociedad civil podrían participar y presentar sus demandas. Vale. Antes de entrar en la reunión, las 50 personas “invitadas” tuvieron que pasar por una minuciosa revisión policial. El dispositivo de seguridad se desplegló con gran exageración, llegando incluso a situaciones vergonzosas; hasta las hermanas y los sacerdotes tuvieron que ser registrados para ingresar. En el acto, el pueblo finalmente habló e, inmediatamente después, sin ninguna respuesta, expresión o incluso una leve indicación de que había prestado atención, el alcalde se retiró. Mara y Totó salieron del Ayuntamiento para contar lo que había sucedido y se sorprendieron por la gran cantidad de personas que esperaban el resultado de la conversación, más de mil personas que obviamente no quedaron contentas con la ausencia de respuestas. Indignados, empezaron a lanzar una lluvia de huevos y tomates sobre las paredes del Ayuntamiento y los escudos los policiales. Desde un rincón, un grito desesperado, imploraba – Toto, controla a la gente, a lo que él Toto pensó – ¿Cómo? y finalmente se dirigió al alcalde y su equipo – Si alguien no está haciendo algo aquí, sois vosotros, prometisteis dialogar y no lo hicistéis, mientras tanto los huevos y tomates siguieron volando y explotando en el edificio, la multitud aumentaba su tono, hasta que el alcalde y sus secretarios reaparecieron, esta vez muy dispuestos a escuchar con atención. Una vez reanudada la reunión, finalmente hicieron acuerdos y se firmaron compromisos. Mara, en este momento ríe y nos habla – Si los trabajadores unidos fuesen capaz de entender la fuerza que tienen … no aceptarían poca cosa de nadie. Persecución y amenazas– Defenderse y posicionarse al lado de los pobres tiene una consecuencia, dice Totó, y él lo sabe bien: se preocupa por las amenazas que recibe, se preocupa, sobre todo, por su hija y hijo. Respiró unos segundos y dijo – Sí, tengo miedo, perdemos nuestra libertad. Pienso en mis horarios y los de mis hijos, estoy atento a cualquier cosa que sea diferente, pienso en que puede pasar cuando llego a casa, si hay una emboscada. Pero su sueño sigue tranquilo, nos garantiza – Tenemos la conciencia tranquila, aunque siempre atenta y preocupada. Preocupación que Mara comparte, cuando su hija pregunta – Mamá, ¿qué están diciendo sobre ti en Facebook?, explicar a una niña lo que está ocurriendo es complicado, complejo, agotador y grave, sobretodo porque muchas veces las amenazas provienen del propio Estado, representado por los hombres uniformados que deberían proteger a todos. Totó informa que recibió llamadas con amenazas policiales, que decían – Estamos con tal hacendero, citando el nombre con la intención de intimidarle. El mensaje es claro – Donde
What really happens in the Amazon Forest

We have visited the Tapajós region, in the state of Pará, Brazil, along with Terra de Direitos (Land of Rights, in English) and the Rural Workers Union of the cities of Santarém and Alenquer. We wanted to listen to the stories of peoples’ resistance to the siege imposed by capitalism on the Amazon. And the scenario, which was already frightening, worsens in the current pandemic context of Covid-19: land grabbers, miners and illegal loggers are not concerned with quarantining; on the contrary, they want to take advantage of the government’s paralysis to advance further over the territories. It is worth adding that, according to several studies, the expansion of agribusiness and the consequent environmental destruction is behind the advance of pandemics around the world, the coronavirus among them. * Note: this content was produced in late 2019 and early 2020,before the coronavirus pandemic took nowadays proportions. // Video 1 – Land grabbing: how Amazonian territories are being transformed into cultivated fields(English and Spanish subtitles available) // Video 2 – Soy: Amazon as an agricultural frontier(English and Spanish subtitles available) // Video 3 – Ports: large enterprises threaten traditional Amazonian ways of life(English and Spanish subtitles available) // Video 4 – threats, resistance and hope Capitalism gears crush the Amazon, its people, the forest and its rivers: first, the expansion of soy and livestock, together with the illegal logging and sale of wood and the criminal fires that “clean the land” for agribusiness; second, mining and megaprojects of infrastructure necessary for the transportation of commodities and delivery of Brazilian common goods, such as ports and railways. All of them have a high impact on local communities. Facing all this, under a lot of pressure and living with constant threats, there are people standing and struggling – still strong. These are the stories of resistance that we will tell. First, however, a brief introduction is necessary, so that we understand the context and complexity of these struggles. The introduction is divided into four parts: the first part follows this paragraph; the others can be accessed through the links that appear below the text. And after the links there are small summaries of each story that we will tell – they can be accessed by clicking on their title. A brief introduction, divided into four parts, and then the stories 1. ContextIt is not by chance that the fires in the Amazon region in 2019 caught the attention of the world: from January to August, in comparison with the same period of the last three years, the increase in fires was 34%; there was 55% more deforestation in the region; and 11% more rain, which shows that the cause of the fires was not the dry period, as some try to say, but human action. Not a surprise: in August of last year, in reference to the Day of Fire, we were already saying (clicking on the link you’ll find the article in English below the one in Portuguese): – The bloodstained hand that lit the flame is the hand of the free market: it is to the colonizing neo-liberal policy – so obediently embraced by Bolosarno’s government – that we credit the attack on peoples from the forest and their territories. At the time of the 2018 election campaign, the complete absence of environmental policies already warned of what was to come. For example, the expression “environment” appeared only once in the government program of the candidate Jair Bolsonaro. Well… that he represents a huge setback for the environmental and agrarian agenda in Brazil, he made it quite clear himself, saying [to ruralists, of course] – This is your government. We know the capitalist lurking over the Amazon goes back to pre-Bolsonaro times. However, the worsening in the situation is equally obvious today: it is considered – it, the forest – an immense stock of land, a huge space available for the expansion of agribusiness that has already consumed almost all other biomes in Brazil (such as the “cerrado”, the “pantanal” and the “pampa”). Numbers can prove the harmful effect generated by the policies of the current Brazilian government: for the first time in the historical count, which started in 2002, there was an increase in fires in all biomes in the country. The devastated area in 2019 was 86% higher than the previous year. In the case of “pantanal” – the most affected biome, wich is a wet-land – the number is alarming: the increase in fires was 573% compared to 2018. The data are from INPE (National Institute for Space Research, in English), which Bolsonaro – also not by chance – insistently tries to delegitimize and to control (he has fired its president because of such numbers and evidences on the destruction of territories under his management). It is no coincidence that the current government calls the Amazon Forest an “unproductive and desert region” (yes, they have said that). This is the neoliberal view and understanding of nature: a business to be explored, whatever the costs are – including lives. In the links below, the introductory text continues. Click on each one to continue reading: 2. Bolsonaro’s answers to fires are in the name of the market and agribusiness land grabbers3. The “win-win” of companies with the financialization of nature4. But after all, who is really behind these crimes? And below read some of the stories of peoples resistance to the capitalist siege on the Amazon and the struggle for their territories, for the forest and its rivers: // THE SIEGE, DRAWN ON A MAPThe president of the Union of Rural Workers and Family Farmers of Santarém (STTR-STM), Manoel Edivaldo Santos Matos – also called “The Fish” – explains the siege of the capital to the Amazon based on a map of the Tapajós region. It is not by chance that the Guideline Plan of the city of Santarém was altered to suit the expansion of capital in the region – and the change occurred in the very end








